Como hice mención en la primera
parte de estos tres artículos, el nacionalismo mexicano está hermanado en lo
religioso con el de Euzkadi, ya que muchos de los criollos nacionalistas
que forjaron la independencia del país estudiaron o pertenecieron a la Compañía
de Jesús del vasco Ignacio de Loyola. Por otro lado, su identidad nacional en
lo político se identifica con el Federalismo tal como sucedió con el
republicanismo autonómico de la izquierda catalana. Desde luego no podemos
decir que el mexicanismo fuera el origen de los otros dos, aunque fue anterior,
pero sí mantiene las mismas raíces. Parte de sus políticas eran compartidas por
los liberales tanto mexicanos como españoles. Además, el Mexicanismo
transitaría al Nacionalismo Revolucionario.
También se comentó como los criollos
se levantaron con la bandera de la defensa de los nativos de estas tierras con
el argumento de que también eran americanos. Éste se complementaría con la Doctrina
Monroe y la ayuda norteamericana a los políticos liberales a fin de
expulsar a los europeos del continente y mantener la estabilidad de la región
evitando divisiones que no fueran más que las que había en cuestión de idioma y
religión con Latino América. Empero y, pese a su origen indígena, Benito Juárez
y el General Porfirio Díaz, estuvieron muy lejos de defender los derechos
indigenistas a diferencia de las Leyes promulgadas por los últimos Trastámara.
Así inicia una etapa en la que se expropia las tierras a los indígenas y hasta
se les persigue.
Un pueblo perseguido durante el Porfiriato
fue el yaqui. Ante la injusticia social causados por el despojo y la
persecución, aunado a las nacientes ideas anticapitalistas de Karl Marx, surge
la Revolución Mexicana. Desde luego, su carácter fue más liberal que social y
por ello buscó mantener los valores de amor a la patria e ideales de progreso y
prosperidad. Fue en el campo, con el lema zapatista, “la tierra es de quien
la trabaja”, donde se innovaron las ideas socialistas en la
repartición de tierras, aunque no de forma integral, sino según los intereses
de los gobernantes revolucionarios. También se estatizaron sectores
“estratégicos” de la economía. El anticlericalismo liberal del siglo XIX y el
sistema socioeconómico ejidal se exportarían a la República Española.
José Vasconcelos definió a México
como una nación mestiza. Así se exaltó el mestizaje haciéndolo parte
fundamental del colectivo imaginario de pertenencia a una nación entre las
masas y la sociedad urbana de la primera mitad del siglo pasado. Lo anterior,
aunado al movimiento cristero y la emigración hacia el país del norte, marcaron
la pauta de una unidad cultural e ideológica de los mexicanos. Plutarco Elías
Calles funda así, al Partido Nacional Revolucionario. Una vez expulsado Calles
del país por el General Lázaro Cárdenas del Río, éste convertiría al Partido
del primero en el de la Revolución Mexicana, PRM, para que así, ya con el país
institucionalizado, se transformara en 1946, con Manuel Ávila Camacho, en el
Partido Revolucionario Institucional o PRI.


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