Hermanado en lo religioso con el
nacionalismo vasco y en lo liberal y laico con el republicanismo autonómico de
la izquierda catalana, el Mexicanismo nace como movimiento sociopolítico
e ideológico desde el siglo XIX y con el propósito de mantener una identidad
nacional. Este nacionalismo surge del patriotismo criollo del virreinato de la
Nueva España y era alimentado por una corriente antiespañola y proindigenista.
De ahí viene su enfoque ultranacionalista que comparte gran parte de la
población mestiza, algunos indígenas y hasta criollos dentro del territorio de
México. El nacionalismo mexicano está muy enraizado y llega a ser chauvinista,
pese a las diferencias ideológicas, raciales, lingüísticas, económicas y hasta
políticas de su población.
Esa identidad nacional se identifica
en lo clerical con la imagen guadalupana de gran sincretismo religioso
católico y a las creencias prehispánicas que la unen con Tonantzin, la
madre tierra. Los iniciadores del movimiento independiente se levantaron con el
estandarte de la Virgen de Guadalupe y, pese a que eran criollos, con la
consigna de “mueran los gachupines”. Los protagonistas de dicho
movimiento eran miembros del pequeño conjunto de personas que tenían acceso a
la educación. Y como la Iglesia era la única que prestaba este servicio en la
sociedad novohispana, pues este grupo estaba integrado notablemente por
religiosos. En especial los pertenecientes al bajo clero, que fue la solución cortesiana
prevista contra el abuso del conquistador.
Es así como, el nacionalismo criollo
de la Nueva España, tomó la defensa de la tierra de la que eran nativos y así
reivindicar el pasado del que se proclamaban herederos por el simple hecho de
nacer en estas tierras. Varios de los representantes de este nacionalismo
pertenecían a la Compañía de Jesús. Dicha congregación, cuyo fundador era de
origen vasco precisamente, tuvo un papel sumamente importante en la
evangelización del norte del país. Es debido a esta influencia que los jesuitas
fueron expulsados de España y sus territorios, uno de estos desterrados fue
Francisco Xavier Clavijero cuya obra emprende una amplia defensa de América
frente a Europa. Así concluye con la reafirmación de todos los americanos
reclamando su pasado indígena.
Lo anterior sumado a la Doctrina
Monroe, “América para los americanos”, acentuó el nacionalismo
mexicano y latinoamericano. Pese a no tener una herencia indigenista, los
criollos se levantan como defensores de los pueblos que habitaron estos lares
antes de la llegada del europeo. Olvidaban que las Leyes de Indias sirvieron
como instrumento de gobierno a fin de proteger los derechos de los nativos de
estas tierras. Además, Hernán Cortés, cediendo a la exigencia de sus hombres de
establecer la encomienda y sabiendo que ésta acabo con la población nativa de
las Antillas, introdujo al clero bajo como solución alterna. No sorprende, que
los padres de la Independencia, Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos
y Pavón, fueran curas.


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