jueves, 28 de junio de 2012

Cuando los “Ismos” se tocan: El “Frankenstein” del Nacionalismo Vasco


Muchos de los nacionalismos europeos tienen su origen durante las Edades Media y Moderna, cuando las grandes naciones entraban en guerra y la política se hacía en función a los territorios conquistados. De esta forma, pequeños países quedaban a merced de las grandes potencias y sus nacionalismos eran explotados a favor de sus enemigos. Resultado son el nacionalismo escocés, los estados alemanes, los condados catalanes y los vascos. Así, el Reino de Navarra quedaría a merced tanto de Francia como del recientemente unificado reino de España. Durante el inicio del siglo XVI, los navarros se quedarían sin Rey y, en una maniobra muy hábil, Fernando de Aragón embaucaría a su yerno inglés, Enrique VIII, a fin de incorporarla a España.
La unificación española generó, entre otras cosas, una lucha de poderes entre los cortesanos aragoneses y castellanos y leoneses. Desde el inicio muy marcado en las presiones de éstos hacia sus monarcas, a tal grado, que la misma Isabel I acuñaría en el escudo de armas de los Reyes Católicos, la famosa frase de “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”. El Reino de Navarra por su parte, se convertiría en el fiel que definiría la balanza a favor de aragoneses o castellanos y leoneses, según fuera el caso. Sin embargo, otros factores como el religioso, darían pie al surgimiento del nacionalismo vasco a finales del siglo XIX. Uno de ellos, el movimiento jesuita, recordemos que Ignacio de Loyola era vasco.

Con el agotamiento de las monarquías absolutistas europeas y la invasión napoleónica a España, Navarra daría paladines guerrilleros como Francisco Xavier Mina, quién además se convertirá en el héroe de la Independencia de México al rebelarse contra el rey Fernando VII. Con la muerte de éste y, por motivos de sucesión a favor de Carlos María Isidro, hermano del rey, surgiría en el País Vasco un movimiento conocido como el Carlismo. Lo anterior provocó, durante el siglo XIX, dos de las tres guerras contra la hija del Rey Borbón, Isabel II, heredera según la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica en España. Alfonso XII concluiría el conflicto carlista. Formado en el Carlismo, Sabino Arana Goiri fundaría el nacionalismo vasco basándose en el antiespañolismo y recuperación de las formas de vida vascas tradicionales.

Entre sus postulados, planteaba la creación de un Estado Vasco Independiente conformado por las provincias vascas de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, el Reino de Navarra, estas dos últimas con profundo sentimiento español y finalmente Gascuña, con la misma intensidad en su afectividad al nacionalismo francés. Además y, gracias a la interacción comercial portuaria con los ingleses, adoptó como bandera de Euzkadi una especie de Union Jack, con otros colores claro está, cuando ni San Jorge, ni San Andrés y mucho menos San Patricio son patronos de Vizcaya. Es así como el Partido Nacionalista Vasco, fundado por Arana, y, pese a identificarse ideológicamente con la izquierda, mantiene elementos ultraconservadores que sirvieron a otros movimientos autoritarios en Europa.


martes, 19 de junio de 2012

Cuando los “Ismos” se tocan: El Putsch de Múnich


En el artículo anterior, hablé de cómo un exsocialista llevó su ideología política a las clases medias y altas fundando el fascismo. Durante los años veinte del siglo pasado, Mussolini fue un ejemplo de liderazgo y poder de oratoria, atrayendo incluso, a quien sería una de los mayores genocidas de la historia: Adolfo Hitler. Austriaco de nacimiento e hijo maltratado de un burócrata de aduanas, quería seguir su vocación de ser pintor. Sin embargo y, al no ser aceptado por la academia de Artes, el frustrado Adolf ingresó al ejército alemán durante la Primera Gran Guerra. Como soldado no destacó en un ejército clasista y de aristócratas donde su papel se vio reducido al de entregar correspondencia. Le llamaban el cerdo de la retaguardia o el “Cabo Bohemio”.
Fue en esta guerra donde el joven Hitler recibió la Cruz de Hierro al resultar herido con gas mostaza. La condecoración fue más el resultado de la presión política que por mérito propio, sin contar los efectos dañinos del gas en su cerebro. Al término de la Guerra, Adolfo ingresaría a las filas del Partido Alemán del Trabajo, de orientación izquierdista. Ahí desarrollaría sus habilidades como orador además de su ideología política basada en el antisemitismo, antiliberalismo y sobretodo y, por muy contradictorio que parezca, antisocialista. Al igual que su contraparte en Italia, Hitler llevaba su ideología de socialismo nacionalista a las clases medias y altas y su partido cambiaría a la postre su nombre a Nacionalsocialismo.
Sus ideas nacionalistas provenían de otro extremista que fundó el nacionalismo vasco basado en el Carlismo, y de quien hablaré en otro artículo, Sabino Arana. Así fue como el Partido del Trabajo empezó a obtener adeptos; llegó a clases trabajadoras, medias, a la aristocracia y hasta el mismo ejército con héroes de la primera guerra mundial como Erich Ludendorff y el heredero del Barón Rojo, Hermann Göring. Pese a su espíritu antiburgués, el Führer también tuvo el apoyo de los empresarios. Al igual que Mussolini en Italia, los nazis hicieron toda una movilización en una cervecería en Múnich que terminaría conociéndose como el famoso Putsch. Éste terminó siendo sofocado por las autoridades y con el arresto de los iniciadores, entre ellos Hitler.
El Putsch de München le permitiría obtener una mayor fuerza política. En un discurso demagógico y populista de su defensa, Hitler se declaró Culpable de Amar y Defender a Alemania. Además dictó Mein Kämpf o Mi Lucha, su plan de Gobierno centrado en la guerra contra la Unión Soviética. Así explotaba la paranoia ideológica de la época y el temor de las clases medias y altas a una revolución bolchevique germana. El Führer no solo llevaría a los campos de concentración y sus hornos a seis millones de judíos, también a la aniquilación del pueblo alemán, “por el cual no derramaría ni una lágrima ya que no estuvo a la altura de la contienda mundial”, en especial cuando sus soldados fueron acribillados en Stalingrado.

domingo, 10 de junio de 2012

AMLO no es Lula


Mucho ha tratado de comparar, en su desesperación, la Izquierda a su candidato a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, con el presidente de Brasil Luis Inácio Lula da Silva con el propósito de garantizar que el primero no provocaría las clásicas crisis, que partidarios de su ideología, han provocado en el mundo. Nada más alejado a la realidad. Y la comparación difiere desde sus respectivos orígenes, uno de trabajador y obrero mientras que el otro de porro golpeador. Luis Inácio Lula da Silva, mejor conocido como Lula, nace en Garahuns, Pernambuco, en 1945. Si bien, Lula viene de una región agreste donde últimamente ha cobrado mucha fuerza el turismo, su actuación se destacó en el liderazgo del Sindicato Minero.
Por otro lado, Andrés Manuel, conocido como Pejelagarto, nació en Macuspana, ciudad del municipio con el mismo nombre en Tabasco. Aquí también están dedicados a la agricultura, sin embargo el origen de AMLO es más burgués. Sus padres comerciantes y terratenientes, dedicado a la política desde que era porro en la Universidad Nacional Autónoma de México, por lo que tardó 14 años en titularse. Sus inicios fueron en el Instituto Indigenista de Tabasco. Mientras Lula, en esos años, participó en el proceso de fundación del Partido de los Trabajadores, y fue pieza importante en el proceso de apertura democrática que culminó en 1985 en Brasil; el tabasqueño era ahijado político de un exgobernador priísta del Estado, González Pedrero.
Es decir, mientras Lula luchaba contra los gobiernos militares de su país, el Pejelagarto era parte del sistema, estaba afiliado al Partido Revolucionario Institucional, y tras la matanza de estudiantes en 1968 y 1971 y las crisis y devaluaciones que provocó ese partido a nuestro país, AMLO le dedicaba poemas e himnos en su natal Tabasco. Con la apertura democrática de Brasil, Lula fue diputado de la asamblea constituyente. El “autonombrado Rayito de Esperanza”, por su parte, nunca ha sido diputado ni senador. Lula siempre ha estado en el PT y ha sido su candidato. El señor López por su parte, no. Al negársele el suculento hueso de ser gobernador de Tabasco por parte del PRI, salió de ahí resentido y lleno de rencor.
Lula era criticado por su discurso duro, el cual moderó. Por su parte, el Pejelagarto siempre ha sido  agresivo. Argumentó fraude, cuando fue candidato a la gubernatura de Tabasco por el Partido de la Revolución Democrática, cerró violentamente los Pozos Petroleros de Tabasco, por lo que muchos trabajadores perdieron su empleo. Lula siempre defendió al trabajador. El brasileño es símbolo de persistencia, el tabasqueño de necedad. El primero ya fue presidente, el segundo no lo será. El “mesías tropical”, realmente, está más relacionado con personajes como Adolfo Hitler y Hugo Chávez. Manejan la premisa del enemigo común, utilizan personajes de la historia a fin de manipular a la población –Hitler utilizaba la imagen de Federico el Grande-, son autoritarios y manejan el odio creando encono. Eso sí, los tres coinciden en decir que lo hacen por amor a sus respectivos países.

Cuando los “Ismos” se tocan: La marcha a Roma


Se dice que “los extremos siempre se tocan” y, así comienzo una serie de artículos. De esta forma, hablaré del caso más claro que ha dado la historia mundial y es el “Fascismo”, fundado por un exsocialista que llevó el clientelismo político de las clases obreras y trabajadoras a las clases medias. Benito Amilcare Andrea Mussolini, recibió el nombre por parte de su padre Alessandro, un herrero, quien admiraba a un connotado liberal mexicano llamado Benito Juárez. Como buen italiano, gandul, fantoche y mujeriego; el que sería conocido como Duce o guía en italiano, fundaría el fascismo, un movimiento que exaltaría el nacionalismo y obtendría el poder mediante la confrontación y la violencia.
Gracias a las “squadristi” o “escuadras de acción”, manejo de clases media movida por la paranoia de la época que fue provocada gracias a la Revolución Bolchevique en la URSSS, el Gobierno de Luigi Facta vio a Mussolini y sus exaltados como un peligro para el, en ese entonces, Reino de Italia. Pese a que trataron de debilitarlo, el hábil Benito se les anticipó con la “Marcia su Roma” o Marcha a Roma. Es así, como el Rey Víctor Manuel III, cedió a las presiones y cometió el tremendo error de encargarle el poder a este exhibicionista. Estando en el mismo, el Duce hacía todo tipo de alarde populista y demagogo, como aparecer esquiando o segando la siembra sin camisas, o presumir a sus múltiples amantes. Se apreciaba de ser todo un semental.
Es así como el exsocialista, que se opuso en un principio a la I Guerra Mundial y que se enfadaba y molestaba cada vez que sus correligionarios negociaban con otras fuerzas conocidas como reaccionarias, se hizo del poder. Angélica Balanoff, una de sus amantes en la época de socialista, dijo lo siguiente de él: “El radicalismo y anticlericalismo de Mussolini fueron más bien reflejo de su séquito doméstico y de su egoísmo rebelde que de su conocimiento y convicción. Su odio contra los opresores no era el odio impersonal a un sistema que comparten todos los revolucionarios. Más bien descansaba en un sentimiento de envilecimiento y desengaño, de una búsqueda de autoafirmación y del deseo de venganza personal”.
Las consecuencias del arribo de Mussolini al poder, son por todos conocidas. Un personaje, que todavía en los 20’s era admirado por su supuesto liderazgo y oratoria, pasó a ser una marioneta de Adolfo Hitler así como una lastra para Alemania en la II Guerra Mundial llevando a Italia a la derrota en la misma sembrando caos y destrucción en este país Europeo. No digamos su muy patético intento de invadir Grecia que, de no ser por la intervención alemana, hubiera terminado siendo todo lo opuesto. Benito y su amante Clara fueron ajusticiados por los partisanos con ametralladora, humillados y colgados en una gasolinera de la Plaza Loreto en Milán. Así llegó el fin para uno de los más autoritarios, deleznables y contradictorios personajes de la Historia.