Muchos de
los nacionalismos europeos tienen su origen durante las Edades Media y Moderna,
cuando las grandes naciones entraban en guerra y la política se hacía en
función a los territorios conquistados. De esta forma, pequeños países quedaban
a merced de las grandes potencias y sus nacionalismos eran explotados a favor
de sus enemigos. Resultado son el nacionalismo escocés, los estados alemanes,
los condados catalanes y los vascos. Así, el Reino de Navarra quedaría a merced
tanto de Francia como del recientemente unificado reino de España. Durante el
inicio del siglo XVI, los navarros se quedarían sin Rey y, en una maniobra muy
hábil, Fernando de Aragón embaucaría a su yerno inglés, Enrique VIII, a fin de
incorporarla a España.
La unificación española generó,
entre otras cosas, una lucha de poderes entre los cortesanos aragoneses y
castellanos y leoneses. Desde el inicio muy marcado en las presiones de éstos
hacia sus monarcas, a tal grado, que la misma Isabel I acuñaría en el escudo de
armas de los Reyes Católicos, la famosa frase de “Tanto monta, monta tanto, Isabel como
Fernando”. El Reino de Navarra
por su parte, se convertiría en el fiel que definiría la balanza a favor de
aragoneses o castellanos y leoneses, según fuera el caso. Sin embargo, otros
factores como el religioso, darían pie al surgimiento del nacionalismo vasco a
finales del siglo XIX. Uno de ellos, el movimiento jesuita, recordemos que Ignacio de Loyola era vasco.
Con el agotamiento de las monarquías
absolutistas europeas y la invasión napoleónica a España, Navarra daría
paladines guerrilleros como Francisco Xavier Mina, quién además se convertirá
en el héroe de la Independencia de México al rebelarse contra el rey Fernando
VII. Con la muerte de éste y, por motivos de sucesión a favor de Carlos María
Isidro, hermano del rey, surgiría en el País Vasco un movimiento conocido como
el Carlismo. Lo anterior provocó,
durante el siglo XIX, dos de las tres guerras contra la hija del Rey Borbón,
Isabel II, heredera según la Pragmática
Sanción que derogaba la Ley Sálica
en España. Alfonso XII concluiría el conflicto carlista. Formado en el Carlismo,
Sabino Arana Goiri fundaría el nacionalismo vasco basándose en el antiespañolismo y recuperación de las
formas de vida vascas tradicionales.
Entre sus postulados, planteaba la creación de un Estado Vasco
Independiente conformado por las provincias vascas de Guipúzcoa, Vizcaya y
Álava, el Reino de Navarra, estas dos últimas con profundo sentimiento español
y finalmente Gascuña, con la misma intensidad
en su afectividad al nacionalismo francés. Además y, gracias a la interacción
comercial portuaria con los ingleses, adoptó como bandera de Euzkadi una especie de Union Jack, con otros colores claro
está, cuando ni San Jorge, ni San Andrés y mucho menos San Patricio son
patronos de Vizcaya. Es así como el Partido Nacionalista Vasco, fundado por
Arana, y, pese a identificarse ideológicamente con la izquierda, mantiene
elementos ultraconservadores que sirvieron a otros movimientos autoritarios en
Europa.






