domingo, 10 de junio de 2012

Cuando los “Ismos” se tocan: La marcha a Roma


Se dice que “los extremos siempre se tocan” y, así comienzo una serie de artículos. De esta forma, hablaré del caso más claro que ha dado la historia mundial y es el “Fascismo”, fundado por un exsocialista que llevó el clientelismo político de las clases obreras y trabajadoras a las clases medias. Benito Amilcare Andrea Mussolini, recibió el nombre por parte de su padre Alessandro, un herrero, quien admiraba a un connotado liberal mexicano llamado Benito Juárez. Como buen italiano, gandul, fantoche y mujeriego; el que sería conocido como Duce o guía en italiano, fundaría el fascismo, un movimiento que exaltaría el nacionalismo y obtendría el poder mediante la confrontación y la violencia.
Gracias a las “squadristi” o “escuadras de acción”, manejo de clases media movida por la paranoia de la época que fue provocada gracias a la Revolución Bolchevique en la URSSS, el Gobierno de Luigi Facta vio a Mussolini y sus exaltados como un peligro para el, en ese entonces, Reino de Italia. Pese a que trataron de debilitarlo, el hábil Benito se les anticipó con la “Marcia su Roma” o Marcha a Roma. Es así, como el Rey Víctor Manuel III, cedió a las presiones y cometió el tremendo error de encargarle el poder a este exhibicionista. Estando en el mismo, el Duce hacía todo tipo de alarde populista y demagogo, como aparecer esquiando o segando la siembra sin camisas, o presumir a sus múltiples amantes. Se apreciaba de ser todo un semental.
Es así como el exsocialista, que se opuso en un principio a la I Guerra Mundial y que se enfadaba y molestaba cada vez que sus correligionarios negociaban con otras fuerzas conocidas como reaccionarias, se hizo del poder. Angélica Balanoff, una de sus amantes en la época de socialista, dijo lo siguiente de él: “El radicalismo y anticlericalismo de Mussolini fueron más bien reflejo de su séquito doméstico y de su egoísmo rebelde que de su conocimiento y convicción. Su odio contra los opresores no era el odio impersonal a un sistema que comparten todos los revolucionarios. Más bien descansaba en un sentimiento de envilecimiento y desengaño, de una búsqueda de autoafirmación y del deseo de venganza personal”.
Las consecuencias del arribo de Mussolini al poder, son por todos conocidas. Un personaje, que todavía en los 20’s era admirado por su supuesto liderazgo y oratoria, pasó a ser una marioneta de Adolfo Hitler así como una lastra para Alemania en la II Guerra Mundial llevando a Italia a la derrota en la misma sembrando caos y destrucción en este país Europeo. No digamos su muy patético intento de invadir Grecia que, de no ser por la intervención alemana, hubiera terminado siendo todo lo opuesto. Benito y su amante Clara fueron ajusticiados por los partisanos con ametralladora, humillados y colgados en una gasolinera de la Plaza Loreto en Milán. Así llegó el fin para uno de los más autoritarios, deleznables y contradictorios personajes de la Historia.

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